Mas ellos, cual Adán, traspasaron el pacto; allí prevaricaron contra mí.
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TSK · 1 Pedro 4:2
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‹Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ése es mi hermano, y hermana, y madre.›
‹¿Cuál de los dos hizo la voluntad de [su] padre?› Ellos le dijeron: El primero. Jesús les dijo: ‹De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios.›
‹Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios,›
‹Si alguno quiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina, si es de Dios, o [si] yo hablo de mí mismo.›
Así también vosotros consideraos en verdad muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Y no os conforméis a este mundo; mas transformaos por la renovación de vuestra mente, para que comprobéis cuál [sea] la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para Aquél que murió y resucitó por ellos.
entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo; en la concupiscencia de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.
En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a las concupiscencias engañosas;
Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál [sea] la voluntad del Señor.
Por lo cual también nosotros, desde el día que [lo] oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría y entendimiento espiritual;
Os saluda Epafras, el cual es [uno] de vosotros, siervo de Cristo; siempre esforzándose por vosotros en oración, para que estéis firmes, perfectos y completos en toda la voluntad de Dios.
Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y diversos placeres, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, aborreciéndonos unos a otros.
Él, de su voluntad nos ha engendrado por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.
Desechando, pues, toda malicia, y todo engaño, e hipocresía, y envidia, y toda maledicencia,
Y el mundo pasa, y su concupiscencia; pero el que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre.