Entonces él dijo: Oye, pues, palabra del SEÑOR: <I>Yo</I> vi al SEÑOR sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a él, a su diestra y a su siniestra.
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TSK · Daniel 7:9
Treasury of Scripture Knowledge references in Sagradas.
Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, y desde el siglo y hasta el siglo, tú <I>eres</I> Dios.
Dije: Dios mío, no me cortes en el medio de mis días; por generación de generaciones <I>son</I> tus años.
¶ En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo.
Y pondré mi trono en Elam, y perderé de allí rey y príncipes, dijo el SEÑOR.
Y el parecer de las ruedas y su hechura parecía de Tarsis (<I>o de Turquesa</I> ). Y todas cuatro <I>tenían</I> una misma semejanza: su apariencia y su hechura como es una rueda en medio de <I>otra</I> rueda.
Y habló al varón vestido de lienzos, y le dijo: Entra en medio de las ruedas debajo de los querubines, y llena tus manos de carbones encendidos de entre los querubines, y derrama sobre la ciudad. Y entró a vista mía.
Y en los días de estos reyes, el Dios del cielo levantará un Reino que eternalmente no se corromperá; y no será dejado a otro pueblo este reino; <I>el cual</I> desmenuzará y consumirá todos estos reinos, y él permanecerá para siempre.
hasta tanto que vino el Anciano de gran edad, y se dio el juicio a los santos del Altísimo; y vino el tiempo, y los santos poseyeron el Reino.
¶ ¿No eres tú desde el principio, oh SEÑOR, Dios mío, Santo mío? No moriremos oh SEÑOR, para juicio lo pusiste; y fuerte lo fundaste para castigar.
Sus vestidos fueron vueltos resplandecientes, muy blancos, como la nieve; tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos.
Así que, levantado por la diestra de Dios, y recibiendo del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros ahora veis y oís.
¶ y por ser hallado en él, no teniendo mi justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;
el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver; al cual <I>sea la</I> honra y <I>el</I> imperio sempiterno. Amén.
¶ Y esta es la Promesa que oímos de él, y os la anunciamos: Que Dios es luz, y en él no hay tinieblas.
Para que comáis carne de reyes, y de capitanes, y carne de fuertes, y carne de caballos, y de los que están sentados sobre ellos; y carne de todos libres y siervos, de pequeños y de grandes.