No te inclinarás a ellas ni les servirás; porque yo [soy] Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta [generación] de los que me aborrecen,
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TSK · 2 Crónicas 19:2
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Si afilare mi reluciente espada, y mi mano tomare el juicio, yo tomaré venganza de mis enemigos, y daré el pago a los que me aborrecen.
(Antiguamente en Israel cualquiera que iba a consultar a Dios, decía así: Venid y vamos hasta el vidente; porque el que hoy [se llama] profeta, antiguamente era llamado vidente).
Pero también vino la palabra de Jehová por mano del profeta Jehú, hijo de Hanani, contra Baasa, y contra su casa, por toda la maldad que hizo ante los ojos de Jehová, provocándole a ira con las obras de sus manos, y por haber sido como la casa de Jeroboam, y por haberla destruido.
Pero ninguno fue como Acab, quien se vendió a hacer lo malo ante los ojos de Jehová, porque Jezabel su esposa lo incitaba.
Tenía, pues, Josafat riquezas y gloria en abundancia, y trabó parentesco con Acab.
Y el rey de Israel respondió a Josafat: Aún [hay] aquí un hombre por el cual podemos preguntar a Jehová; mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza cosa buena, sino siempre mal. Éste es Micaías, hijo de Imla. Y respondió Josafat: No hable así el rey.
Los demás hechos de Josafat, primeros y postreros, he aquí [están] escritos en las palabras de Jehú, hijo de Hanani, del cual [es] hecha mención en el libro de los reyes de Israel.
Mas Ezequías no pagó conforme al bien que le había [sido hecho]; antes se enalteció su corazón, y la ira vino contra él y contra Judá y Jerusalén.
Alcanzará tu mano a todos tus enemigos; tu diestra alcanzará a los que te aborrecen.
Mi boca publicará tu justicia y tu salvación todo el día, aunque no sé su número.
¿No odio, oh Jehová, a los que te aborrecen, y me enardezco contra tus enemigos?
‹Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me aborreció antes que a vosotros.›
Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que con injusticia detienen la verdad;
quienes conociendo el juicio de Dios, que los que hacen tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que aun consienten a los que las hacen.
Que si nos juzgásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados.
Adúlteros y adúlteras, ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quisiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.