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La himnodia copta confiesa a Ananiel entre los siete arcángeles que están delante del trono de Dios. En las doxologías litúrgicas y en la Salmodia de la Iglesia su nombre se une al de Miguel, Gabriel, Rafael, Suriel, Sedakiel, Saratiel y Ananiel: las huestes celestiales a quienes la Iglesia Copta Ortodoxa honra como espíritus ministradores enviados para servir a los que han de heredar la salvación (Hebreos 1:14).
La Iglesia entiende a estos arcángeles conforme al modelo que establece la Escritura. Rafael declara: «Yo soy Rafael, uno de los siete santos ángeles que presentan las oraciones de los santos, y que entran y salen ante la gloria del Santo» (Tobías 12:15); y san Juan contempló «los siete ángeles que estaban delante de Dios», a quienes les fueron dadas siete trompetas (Apocalipsis 8:2). Es entre esta séptuple compañía de intercesores donde el Sinaxario y los himnos de la Iglesia nombran a Ananiel.
El oficio de los arcángeles es estar en la presencia del Señor, ofrecer las oraciones de los santos ante su gloria y ser enviados a su servicio. Ellos contemplan el rostro del Padre que está en los cielos (Mateo 18:10) y se gozan por cada pecador que se arrepiente (Lucas 15:10). Junto con Ananiel y sus compañeros arcángeles, las incontables jerarquías del cielo claman sin cesar: «Santo, santo, santo, Señor Dios Todopoderoso» (Apocalipsis 4:8), y la Iglesia en la tierra une su voz a las de ellos en la Liturgia.
En su culto la Iglesia suplica al Señor que conceda misericordia y paz por las intercesiones de las jerarquías celestiales y de los arcángeles que ministran ante Él. La tradición copta conserva la memoria de Ananiel no como un episodio histórico aparte, sino como un nombre santo confesado en la alabanza entre los arcángeles: un testimonio de que el culto ofrecido aquí abajo es uno solo con el culto incesante del cielo, donde estos espíritus benditos glorifican a Dios e interceden por su pueblo.
Que su intercesión sea con nosotros. Amén.