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En este día, la Iglesia conmemora al Arcángel Gabriel el Anunciador, cuya honra es grande delante de Dios. Él es uno de los siete arcángeles que están de pie ante el trono de Dios en el cielo, sirviéndole, adorándole en Su presencia y cumpliendo Su palabra cuando oyen la voz de Su majestad. En el orden de las huestes celestiales nombradas en la Iglesia, Gabriel ocupa el segundo lugar, después del Arcángel Miguel, y su mismo nombre proclama su ministerio, pues significa "Dios es mi fortaleza" y "el poderoso de Dios".
Gabriel es, ante todo, el mensajero de las buenas nuevas. Llevó buenas noticias a los profetas del Antiguo Pacto y a los justos del Nuevo, y dondequiera que aparecía traía consuelo, comenzando con las palabras: "No temas". Él mismo declaró su dignidad cuando habló a Zacarías el sacerdote en el templo, diciendo: "Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y soy enviado a hablarte, y a darte estas buenas nuevas". Esto concuerda con la palabra del Arcángel Rafael a Tobías: "Yo soy Rafael, uno de los siete santos ángeles, que presentan las oraciones de los santos", y con los siete Espíritus que están delante del trono de Dios, mencionados por San Juan el Amado en su Apocalipsis.
El nombre de Gabriel se oye por primera vez en el libro de Daniel el profeta. Mientras Daniel buscaba el significado de la visión que había visto junto al río Ulai, oyó la voz de un hombre que clamaba y decía: "Gabriel, enseña a éste la visión". Entonces Gabriel se acercó al lugar donde Daniel estaba, y, atemorizado, Daniel cayó sobre su rostro; pero el ángel lo tocó, lo puso en pie y le dio a conocer las cosas que habían de suceder.
Una segunda vez, mientras Daniel oraba y confesaba su pecado y el pecado de su pueblo Israel, "el varón Gabriel, a quien había visto en la visión al principio, volando con presteza, me tocó como a la hora del sacrificio de la tarde", y le reveló la gran profecía de las Setenta Semanas, anunciando la venida del Mesías, el fin de la prevaricación y la introducción de la justicia perdurable, y la desolación del templo y de la ciudad santa.
Y una vez más Gabriel vino a Daniel junto al gran río Tigris para anunciarle que sus oraciones y ayunos habían sido oídos, y para revelarle lo que sucedería en los últimos días. En todas estas ocasiones el arcángel llevó nuevas de consuelo y entendimiento al amado profeta.
Lo que Gabriel hizo en el Antiguo Pacto lo cumplió más gloriosamente en el Nuevo. Él fue quien vino a Zacarías el sacerdote mientras ministraba en el altar del incienso, anunciándole la respuesta a su oración: "No temas, Zacarías; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te parirá un hijo, y llamarás su nombre Juan", el precursor San Juan el Bautista, de cuyo nacimiento muchos se alegrarían.
Y seis meses después este mismo arcángel fue enviado de Dios a una ciudad de Galilea, a la Virgen Santa María, y saludándola dijo: "Salve, muy favorecida; el Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres". Le anunció la concepción del Hijo unigénito de Dios, diciendo: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra; por lo cual también lo Santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios".
Así Gabriel fue digno de proclamar el nacimiento del Salvador a la Theotokos, y por medio de esta anunciación se acercó la salvación del mundo.
Según la tradición de las Iglesias apostólicas de Oriente y de Occidente, Gabriel es también el ángel que anunció las buenas nuevas a los pastores en la Natividad. Mientras velaban sobre sus rebaños durante la noche, el ángel del Señor vino sobre ellos y la gloria del Señor los cercó de resplandor, y tuvieron gran temor; pero él les dijo: "No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor". Y se sostiene que Gabriel guió a los magos de Oriente por la estrella hasta Belén, y que después les avisó en sueños que no volviesen a Herodes, por lo cual partieron a su tierra por otro camino. La Iglesia Copta lo alaba en sus doxologías, llamándole "este verdaderamente poderoso, el arcángel Gabriel, que llevó las buenas nuevas a los pastores".
Por todo lo que Dios ha obrado para nosotros por medio de este honrado arcángel —su anuncio del Salvador, su consuelo a los profetas, su estar de pie ante el trono y su presentación de las oraciones de los santos— es justo que lo honremos y lo veneremos, y que pidamos su intercesión. Que su intercesión sea con nosotros. Amén.