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San Jorge de Capadocia | Jorge el Romano

3 Paona · 10 Jun

San Jorge de Capadocia | Jorge el Romano * El tiempo de su martirio. Su crianza. El príncipe Jorge el Romano. El amor del gobernador hacia él. El celo del príncipe Jorge. Ante el rey. Más fuerte que la hechicería y el veneno. En el templo de los ídolos. ¡Más fuerte que toda tentación!

Story

**San Jorge de Capadocia | Jorge el Romano**

**El tiempo de su martirio**

A San Jorge se le considera con mayor frecuencia el príncipe de los mártires en la época de Diocleciano, pues en la región de Capadocia encabezó el movimiento de resistencia contra el edicto de persecución promulgado contra los cristianos. Sin embargo, la mayoría de los manuscritos coptos lo sitúan en una época anterior a este emperador, en el reinado de un rey ilegítimo llamado Dadiano el Persa, hombre pagano y no cristiano, que negó a Cristo y tenía autoridad sobre la región de Capadocia.

Por esta razón, la Vida de Jorge el Alejandrino declara que este último fue martirizado en el reinado de Diocleciano, aunque nació por la intercesión del primero, cuando su padre asistió a la consagración de su iglesia en Lida. En algunos manuscritos coptos no se menciona su época en absoluto, sino que se dice que fue "en los días antiguos", quizá refiriéndose al período anterior a la época de Diocleciano.

**Su crianza**

Este santo nació en Capadocia, en Asia Menor, de padres piadosos y ricos pertenecientes a una familia noble. Su padre, Anastasio, era gobernador de Melitene en Capadocia, y su madre, Teobasta (también llamada Teognosta), era de Palestina, hija del gobernador de Lida.

Se dice que su padre era un hombre piadoso y fiel a Dios y al rey, de modo que el rey lo amaba grandemente y lo hizo uno de los cortesanos que lo acompañaban en sus viajes y expediciones. Pero cuando el rey descubrió su fe en el Señor Cristo, ordenó que fuera decapitado. San Jorge tenía entonces catorce años de edad. En todo caso, San Jorge vino como fruto de una semilla santa sembrada en tierra santa, ofreciendo a la Iglesia, como a los seres celestiales, aquello que alegra sus corazones.

El martirio del gobernador Anastasio no trajo desesperación a la familia; antes bien, encendió el corazón de su bendito hijo Jorge con el fuego del amor divino, para que él también llegara a ser mártir del Señor. Cuando Anastasio fue martirizado, Teobasta tomó a sus hijos, Jorge, Casia y Madrona, y partió hacia su lugar de nacimiento, Diospolis en Palestina.

**Jorge el Romano, el príncipe**

Tras el martirio del príncipe Anastasio, el príncipe Justo ocupó su lugar. Temía a Dios y amaba al Señor Cristo, y por ello se mostró bondadoso con la familia del mártir Anastasio. Hizo que el joven Jorge fuera instruido en la equitación para que pudiera entrar en el servicio militar. Jorge superó a todos los demás en la monta y en el ejercicio de las armas, mostrando un valor poco común, y rápidamente llegó a ser un héroe célebre por toda Palestina, y fue nombrado comandante de una gran compañía que contaba con mil soldados.

El príncipe lo envió al rey con una carta de recomendación que exponía las hazañas que el comandante Jorge había realizado, y pidiendo al rey que le concediera el rango de "príncipe". El rey lo amó grandemente y consintió en la recomendación del príncipe Justo; así su nombre llegó a ser "Jorge el Romano". Lo nombró príncipe al mando de cinco mil soldados, y le obsequió un corcel tordo de una raza poco común como muestra de su favor.

Jorge se hizo amado de todos por su porte, que revelaba su valentía, especialmente en la guerra, junto con su buen liderazgo y su prudente administración de los asuntos, así como sus nobles cualidades. Por eso fue nombrado comandante y administrador del ejército, y tenía veinte años de edad. Jorge crecía día a día en estima y honor. Y en su vigésimo año reposó su madre.

**El amor del gobernador hacia él**

Justo anhelaba hacer de Jorge un hijo para sí mismo, dándole en matrimonio a su única hija, una joven piadosa que temía a Dios. Reveló esto a la princesa Teobasta, madre de Jorge, quien se alegró grandemente. Justo nombró a Jorge, prometido de su hija, administrador de sus posesiones, y aplazaron el desposorio a causa de la tierna edad de la muchacha. Sin embargo, ninguno de ellos sabía que Dios le estaba preparando un camino mucho más grande.

**El celo del príncipe Jorge**

Jorge oyó que el rey había reunido a setenta gobernadores y había dado órdenes de borrar el cristianismo por completo y demoler las iglesias. Jorge se preparó para enfrentar la persecución, pues debía confesar su fe ante el rey. Vendió todo lo que había heredado de sus padres, hasta los enseres de su casa y sus vestiduras, y dio su precio a los pobres.

Cuando se promulgó el edicto a tal efecto, el santo tomó el edicto y lo rasgó abiertamente en medio de las multitudes en un lugar público, después de haber distribuido todas sus posesiones a los pobres, liberado a sus siervos y prepararse para el martirio con gozo.

**Ante el rey**

Fue llevado ante el rey, quien lo trató con mucha gentileza y le prometió generosos dones, pero él no hizo caso. Cuando el rey no logró seducirlo, comenzó a torturarlo durante siete años, y la mano de Dios lo sostuvo para ganar muchas almas para la fe a través de sus padecimientos. Pues murió tres veces, y el Señor lo resucitaba para ser glorificado en él, hasta que fue martirizado la cuarta vez; y se le concedieron visiones celestiales en medio de los tormentos para sostenerlo y fortalecerlo.

**Más fuerte que la hechicería y el veneno**

Entre los tormentos a los que fue sometido San Jorge estuvo que el rey le trajo a un hechicero famoso llamado Atanasio, quien le preparó un veneno mortal y se lo dio a beber al santo. Pero el santo, por la fe, lo bebió y no sufrió daño alguno; con lo cual el hechicero creyó en el Señor Cristo. El rey se enfureció y ordenó que el santo fuera triturado en una prensa provista de dientes de hierro hasta que entregara su espíritu; mas el Señor Cristo lo resucitó, y las multitudes lo vieron, y a causa de él muchos creyeron y aceptaron el martirio en el nombre del Señor.

Cuando los gobernadores vieron esto, le pidieron, en presencia del rey, que hiciera que sus sillas brotaran hojas y dieran fruto. Así que oró a Dios, y su petición fue concedida. Asombrados, lo llevaron a los sepulcros y le pidieron que resucitara a los muertos para ellos; así que oró al Señor, y algunos de los muertos resucitaron, dieron testimonio de la salvación del Señor Cristo, y luego se durmieron de nuevo.

**En el templo de los ídolos**

El rey usó gentileza con él, diciendo que su corazón estaba herido por lo que le había sucedido, que él le era muy querido, y que le concedería los más altos cargos del estado. Por fin le pidió que fuera con él al templo de los ídolos. Jorge partió con el rey hacia el templo del ídolo, donde el rey suponía que Jorge ofrecería incienso a los ídolos, y así le daría a su hija por esposa. Cuando los dos llegaron al templo, junto con el séquito del rey y una gran multitud del pueblo,

Jorge se puso delante de la estatua de Apolo y le clamó: "¿Eres tú un dios, para que yo te ofrezca un sacrificio?" Y el ídolo respondió con voz terrible: "No soy un dios."

El santo hizo la señal de la Cruz, y los ídolos cayeron y fueron quebrantados. Entonces el pueblo clamó, exigiendo la muerte del enemigo de sus dioses.

El rey sintió profunda vergüenza y se marchó a su palacio, amargado en el alma.

**¡Más fuerte que toda tentación!**

El secreto de la fortaleza del mártir San Jorge era su práctica diaria de la vida del martirio, pues venció las concupiscencias de la carne en batallas cuyo terreno eran sus propias profundidades interiores; y como dice el sabio: "el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad" (Proverbios 16:32).

Cuando Jorge fue arrojado a la prisión, el emperador consultó con sus hombres qué debía hacer con este valiente comandante. Uno de los príncipes presentó la sugerencia de que este apuesto joven no se debilitaría ante ninguna amenaza, y aun se gozaría en la muerte; pero una sola cosa podría destruirlo, a saber, la seducción de una muchacha lasciva que lo atraparía con su atractivo, su arrolladora femineidad y sus artes. Por esto Jorge perdería su castidad y su fe se derrumbaría.

El emperador convocó a la mujer encargada de las concubinas y siervas del emperador, para que escogiera entre ellas a una muchacha experimentada en este asunto.

La muchacha fue enviada a la prisión a pasar una noche con el joven, para que lo sedujera y él cayera con ella. Pero San Jorge, que había aprendido a ofrecer cada día un sacrificio de amor sobre el altar de la pureza en Cristo Jesús, convirtió la prisión en un templo santo en el que se ofrecían oraciones por la salvación de su propia alma, la salvación de esta muchacha, y de todos los que le rodeaban.

Aún no había llegado la mañana cuando la muchacha se acercó a San Jorge entre lágrimas, pidiéndole que le hablara del secreto de su pureza, su castidad, y la elevación de su corazón hacia las cosas celestiales. Así que él comenzó a predicarle la salvación y a presentarle la vida sublime del Evangelio.

Los hombres del emperador vinieron de madrugada a llevar a la muchacha ante el emperador, y la hallaron vestida de modestia y ataviada de castidad y mansedumbre, confesando su fe en el Señor Cristo, su Rey y su Salvador.

El emperador y sus hombres quedaron atónitos por lo que había ocurrido, y se dio la orden de cortarle el cuello con la espada. Fue conducida al lugar del martirio, donde se arrodilló, gozosa, orando a su Salvador, nuestro Señor Jesús, para que recibiera su espíritu y le concediera la corona del testimonio.

El emperador resolvió hacer probar a Jorge los más duros géneros de tormentos, en venganza por lo que había hecho con la muchacha.

**En el palacio real**

Cuando se multiplicaron los milagros que el Señor obraba por sus manos, y el rey sintió su propio fracaso, llevó a Jorge consigo al palacio para seducirlo con la promesa de que le daría a su hija en matrimonio. Allí en el palacio, la reina lo oyó orar, y le pidió que le explicara su fe; así que el Señor le abrió el corazón, y el Espíritu de Dios la atrajo a la fe. La reina Alejandra comenzó a reprender al rey: "¿No te dije que no te opusieras a los galileos, porque su Dios es poderoso?" Y cuando el rey percibió que el santo había inclinado el corazón de ella hacia el Señor, ordenó que su cuerpo fuera desgarrado con peines y que su cabeza fuera cortada, para que recibiera la corona del martirio.

Cuando la reina vio a Jorge siendo conducido a la prisión, lo llamó para preguntarle acerca de su bautismo. El santo le respondió que no se turbara, pues si no se hallaba oportunidad para su bautismo, entonces el derramamiento de su sangre por causa de la fe en el Señor Cristo sería un bautismo santo que le abriría las puertas del Paraíso.

Su alma se regocijó, y la reina se adelantó al martirio, diciendo: "Oh Señor, he dejado la puerta de mi palacio abierta de par en par; no cierres, pues, la puerta de Tu Paraíso ante mi rostro, oh Tú que aceptaste el arrepentimiento del ladrón a la diestra."

La cabeza de la reina fue cortada, para que su alma partiera al Paraíso a deleitarse en la visión de su Salvador.

**Su martirio**

El rey temió que se levantara una revuelta contra él, ya que las obras de Dios realizadas por las manos del santo se habían dado a conocer ampliamente; por tanto, ordenó que Jorge fuera decapitado. Esto tuvo lugar el 23 de Baramuda.

**El icono del mártir San Jorge el Romano**

El icono lleva un significado simbólico:

La novia que aparece en el icono señala a la Iglesia, que contempla a sus hijos mártires con gozo y orgullo.

El dragón señala a Satanás, que incita al mundo malvado contra la fe.

La lanza señala la Cruz del Señor de la Gloria, Jesús, quien concede la victoria.

Y la derrota del dragón señala la derrota del mal y de su fuente (el diablo) por el poder de la fe.

Es llamado "al-Jidr" entre los hermanos drusos.

Hymn

This hymn is a best-effort translation provided for meaning — not the original poetic text, and its wording may differ from the original.

Salve a ti, oh San Jorge,
que llevas el gran nombre;
el santo Señor te eligió,
por todas las ciudades extendió tu fama.
Viniste, oh elegido,
ante Diocleciano, el malvado,
y avergonzaste a los infieles
con la señal de la Cruz.
Diocleciano vio tu rostro,
lleno de la gracia de Dios,
resplandeciendo hermosamente,
como una estrella en el cielo.
Te preguntó, oh elegido:
"¿De dónde eres tú?
Tres años han pasado,
y a nadie como tú he visto.
¿Qué quieres de mí?
Ahora, ¿por qué has venido?
Ven y dime otra vez:
¿de dónde eres tú?
Por amor de Jesús tu Señor,
dime, oh buen hombre,
acerca de tus padres y antepasados,
de su nobleza y realeza."
Jorge respondió:
"Soy el hijo de Anastasio,
y soy siervo de mi Señor,
Jesús el Cristo.
Capadocia es nuestro país,
pero somos de Palestina,
y allí fuimos criados,
para amar al Divino."
Diocleciano le dijo:
"Ven y adora los ídolos,
y ofrece incienso,
y yo emitiré tu perdón."
Jorge respondió:
"Soy hijo de la simiente honrada,
¿cómo puedes ordenarme
adorar a los ídolos?"
Diocleciano dio una orden
de torturar al santo,
y los soldados lo desnudaron
y le clavaron alfileres de acero.
Siete años contados
padeció bajo los tormentos;
soportó todos los suplicios
por el amor del Señor de señores.
Murió tres veces
por Su santo nombre,
en el amor del Señor de los ejércitos,
el Dador de vida de todas las almas.
Y en la cuarta muerte,
partió regocijándose,
y ganó su martirio,
y recibió siete coronas.
Venció por la gracia
del santo Señor,
y llegó a ser mártir,
mi señor el rey Jorge.
Salve a ti, oh victorioso,
oh general de todos los soldados,
por cuya causa
todos los paganos fueron avergonzados.
Salve a ti, oh santo,
oh hijo de Anastasio,
que alcanzaste un estado puro,
el siervo del Cristo.
La proclamación de tu nombre
está en la boca de los creyentes;
todos ellos proclaman:
"Oh Dios de San Jorge, ayúdanos a todos."